Desde su entorno, la música de Horacio Banegas extiende un arte contingente porque nunca se piensa solo, sino involucrado. La inmediación es el otro, el cercano, su proximidad. La necesaria diferencia para “ser” en la pluralidad y en su urgencia, la voz que canta, la emoción que surge a flor de piel. En la Inmediación y el mestizaje, es el medio que media. Su música es un lugar de quiebre, de articulación, (coma) de plegado.

El espectáculo marca diferencia por la profunda meditación con la que Banegas presenta la historia, las diversas artes que interactúan y el pueblo que se moviliza a explorarlo.

Su presente sonoro es eléctrico, actual, tan potente que desde sus raíces, traspasa generaciones con colores y armonías que se desplazan permanentemente.

“Hoy nosotros tenemos un sonido “eléctrico” porque consideramos que ha evolucionado todo. Yo vengo de un formato tradicional de botas, bombacha y haber cantado en quichua, y ahora las cosas cambian con la presencia de mis hijos en la banda. Hemos laburado una armonía hermosa de sonidos y creo que actualizar y darle frescura a la chacarera es simbólico y muy necesario para nosotros: es lo que nos permite rendirle culto a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Estamos con este formato eléctrico; es más, estamos haciendo espacios de teatro de rock desde hace seis años, ya no son los teatros convencionales con butaca. Los lugares a los que vamos no son estrictamente folklóricos”, dice Banegas en su presentaciones.

El 6 de julio un show conmemorando la historia de la chacarera misma en un espacioso lugar donde se espera se escuche el zapateo como protagonista.