Por Lautaro Zeballos

 

A Pepo San Martín lo despierta el sonido de su celular. Está volviendo en un micro a Mar del Plata y, si no se despabila rápido, la secuencia podría ser confundida con un sueño. Del otro lado del teléfono está la voz de Ricardo Mollo que le dice que acaba de escuchar el primer tema de los cuatro que le dejó grabados, a modo de anticipo de un disco en el que Pepo y su banda, Científicos del Palo, están trabajando. «No sé cómo vas a seguir después de esto, porque este es tu techo», le dice el cantante de Divididos. No lo hace marcando un límite, sino celebrando el salto.

Pepo había estado unas horas antes en la casa del músico y, entre mate y mate, le dejó un adelanto de La Histeria Argentina, un disco que narra 200 años de historia en 16 canciones. Mollo tradujo el asombro a un rol activo para que el material llegue a la mayor cantidad de personas posible e hizo de puente entre Científicos del Palo y el dueño del sello discográfico DBN, que hizo la primera distribución del álbum. Las ventas estallaron.

Esa cadena de hechos tiene más de once años, pero hasta este 2024 «La histeria» nunca se había tocado de corrido y cronológicamente en vivo. El trío conformado por José Pablo «Pepo» San Martín, Carlos «Popete» Andere y Sebastián Quintanilla -quien se había alejado de la banda- decidió que era momento de juntarse y hacerlo. El público les dio la razón y agotó las cuatro fechas que organizaron en Mar del Plata, La Plata y Capital Federal, lo que los llevó a programar un recital más grande, que se dará el 22 de noviembre en el Teatro Flores.

«Es todo muy emotivo», cuenta Pepo en una entrevista exclusiva con Conclusión, «nunca había visto tanta gente llorando en un show nuestro. Es como cuando agarrás el guiso de lentejas al otro día y está mejor que recién hecho. No sé qué pasó».

La entrevista completa: 

San Martín está lejos de ser un abstraído, si bien no puede identificar una única causa para el furor de asistencia a estas fechas, sabe que en las lágrimas de quienes asisten hay parte de la explicación. La banda creció, pero también el contexto político actual agradece una invitación a recorrer el guion de la película del país. Una excusa para interrogarlo y buscar respuestas; cantar una hora y media las canciones que narran cronológicamente la historia argentina es además una trinchera en tiempos de olvidadores con poder.

«No puedo negarlo, siempre trato de convencerme de que el motor de las emociones son las canciones, pero es innegable que el contexto adverso para la gente que piensa como nosotros está ahí. Está bien, lo que sí digo es que no hacemos uso de esa postura, al contrario. A veces paso por ortiva porque prefiero no sumarme a un estallido de expresión política, me parece un fenómeno medio masturbatorio cantar la marcha peronista en un show nuestro. Venimos a escuchar canciones; somos peronistas que hacen canciones. Ahora, como el disco es de historia y demás, tampoco quería ser tan rompehuevos de cercenarles la emoción, pero ya sabemos lo que pensamos el público y la banda», indicó.

Al ser consultado por los orígenes de La histeria argentina, Pepo contó que después de sacar Gorilophrenia en 2010, pasaron meses sin que se le ocurran buenas ideas. Un día, jugando con la guitarra criolla, hizo una canción con una progresión de acordes que «con solo escucharla te emocionás, tipo como un tema de Pink Floyd» y se le ocurrió elaborar una letra sobre el 17 de octubre y la gente movilizándose.

«No sé cómo llegué a eso, pero se me apareció esa idea. Se lo mostré a mi viejo y le pregunté si le parecía muy tonto. Al contrario, me dijo que estaba bueno. Entonces, si a mi padre, a quien respeto mucho, le parecía que estaba bien, ¿por qué no hacer toda la historia argentina y de paso aprendo? Recién había nacido mi hija, entonces cuando mi mujer se iba a laburar yo me le ponía unos almohadoncitos y, cuando terminábamos de jugar y se dormía, yo me ponía a resumir, a leer y a hacer canciones», repasó.

El esquema no lo limitó al momento de componer, sino que le permitió establecer un orden que mutó en método. «Cuando vos tenés la idea y hay unas normas, lejos de ahogarte o de presionarte, te permiten ir más rápido. Si sabés que vas a hablar de historia; que tenés aproximadamente 15 temas; y que hay que dividir 200 años de historia, hacés una matemática y te imponés unas reglas. Yo quería que rimara, entonces medio que tenía que encastrar los versos y se hizo fácil. Una vez que me metí en esa enfermedad, la pasé bien. Hacía un resumen; armaba la canción y metía la letra ahí. Increíblemente, lo que parece una cosa maratónica, no lo fue», explicó.

El padre le dio el empujón necesario para largarse a componer, pero la madre de Pepo le acercó unos libros de José María Rosa que le sirvieron para nutrirse al momento de estructurar las letras. A eso le sumó la lectura de Felipe Pigna y Hernán Brienza -quienes más adelante harían respectivos prólogos para La Histeria- y otros autores, algunos con los que no coincidía ideológicamente pero que le sirvieron para contrastar. Además, sobre algunos personajes específicos leyó novelas históricas, como El Farmer de Andrés Rivera, dedicado a la figura de Juan Manuel de Rosas.

Ese trabajo previo aparece reflejado a simple escucha. Así quedó demostrado en los innumerables mensajes que Científicos del Palo recibió a lo largo de esta década de alumnos y docentes que utilizaron el álbum para aprobar exámenes o dictar clases.

Sin embargo, el origen del disco puede hallarse aún más atrás. San Martín cuenta que el aval de su padre -y el respeto que le tiene- fueron fundamentales, algo anclado en la historia familiar.

«Mi viejo no llegó a ser montonero, pero militaba en la facultad. Mi vieja era más peronista de base, iba a las villas a comedores, a enseñar y demás. Tenían 24 años cuando nací yo. Soy marplatense, de ahí se fueron a Tandil, un par de veces los buscaron y decidieron que nos vayamos al exilio. A los tres meses ya estaba en Barcelona con otros sudacas -como nos decían ahí-; en un barrio lleno de otros argentinos exiliados. Crecí ahí sin entender por qué estábamos ahí. En el 82 volvimos, todavía no se habían ido los militares, pero ya se sabía que caían. Al toque fueron las elecciones y demás. Igual mis viejos nunca me dijeron nada, no es que me decían ‘viva Perón’ y eso. No fui tampoco un adolescente políticamente activo, era más bien tontito. De grande volví a interiorizarme en el tema. Me hice peronista consciente después de los 20. Pasé mi adolescencia como un fantasma más», narró.

«Mi viejo -continuó- volvió re mal del exilio, porque también lo acuciaba eso de que a sus compañeros los mataron y no estuvo por cuidarnos a nosotros. Medio que volvió todo quebrado de la mente. Estaba muy negado con la Argentina en general y una de sus escapatorias era poner música al palo y entrar en viaje por el mundo. En esos viajes yo escuchaba a Jimi Hendrix, pero como si estuviese en un recital de él, porque era un volumen que te volaba la cabeza. Algo de eso quedó en mí y me volví loco, ya a los 10 años sabía que me gustaba Led Zeppelin. Toqué la guitarra desde muy chico por mi tío, el hermano de mi viejo, que tocaba muy poquito, pero yo me copé, empecé a agarrar la guitarra. A los 13 me compraron la eléctrica y después no paré de fracasar nunca más, jaja».

La entrevista completa con Pepo San Martín, con todos los detalles de la creación de La Histeria Argentina; el futuro que proyecta para Científicos del Palo en el corto plazo; los pormenores de 418 KM, el último material que el cantante marplatense sacó este año junto a Ariel Minimal; las posibilidades que hay de tocar en Rosario antes de fin de año y muchos puntos más, está disponible en el canal de YouTube de Conclusión.