El 2024 de Central: año para el olvido, con las alegrías clásicas como bálsamo emocional
El Canalla cierra una temporada en la que siempre estuvo lejos del protagonismo, en cada certamen que disputó. Salvo los triunfos ante Newell's, no cumplió ninguno de los objetivos planteados el comienzo del camino. Si pudo disfrutar un tiempo más al goleador histórico, Marco Ruben. La esperanza que despierta la irrupción de algunos juveniles como ilusión para 2025.
- Ciudad
- Dic 31, 2024

Rosario Central le dice adiós a un 2024 aciago, donde nunca pudo amigarse con el funcionamiento futbolístico y la regularidad. En consonancia, los resultados obtenidos respondieron acorde al desempeño en el campo. Ni siquiera el hecho de tener tres entrenadores pudo rescatar al Canalla de la intrascendencia, y paseó sus nubarrones por cada competencia que tuvo en disputa, dejando un sentimiento de desilusión e insatisfacción en el hincha.
El club de Arroyito había arrancado la temporada con las mejores expectativas: venía de ser campeón local, jugaba la Copa Libertadores, tenía el Gigante remodelado, estaba Miguel Ángel Russo en el banco y la vuelta de Ángel Di María a la institución auriazul parecía un hecho. Sin embargo, conforme fue corriendo el calendario, esa efervescencia inicial se evaporó como agua entre los dedos.
Es que Central nunca pudo dar muestras confiables como equipo, lo que sí hizo en 2023. El traje de protagonista no llegó ni a probárselo. Desperdició todo lo que jugó. Rápidamente se despidió de la posibilidad de defender el título de la Copa de la Liga, al ni siquiera clasificar a los play offs. A su vez, en la máxima competencia continental, por errores internos dentro y fuera de la cancha, sucumbió en fase de grupos, quedándose a la orilla de la clasificación en Montevideo. Un gran debe en los dos torneos disputados en el primer semestre.
También fue muy discreta la participación auriazul en la Copa Argentina, que tras obtenerla en 2018 nunca más volvió a ser considerada. Estuvo al borde del papelón ante Douglas Haig (ganó por penales) en 32avos de final pero el certificado de salida se lo dio Barracas Central en 16avos, con un golazo de Jonathan Candia, en uno de los peores partidos que se recuerde.
Lo único para rescatar en la primera parte del año fue la victoria clásica ante Newell’s en el Coloso del Parque, con otro gol de Ignacio Malcorra, el hombre clave de los últimos derbys en la ciudad. Sin hacer mucho, el Canalla fue práctico, aprovechó la única oportunidad que tuvo en el partido y sentenció la historia. Una muestra de efectividad total del todavía conjunto dirigido por Russo en aquel entonces. Agua en el desierto dentro de un semestre gris.
Encima, los refuerzos que llegaron tardaron tiempo en acomodarse, con la excepción de Emmanuel Coronel, lo que privó a la estructura colectiva mejorar el pálido andamiaje. Hubo otros que arribaron y ni siquiera llegaron a completar los diez encuentros, como Abel Hernández. Mauricio Martínez y Jonathan Gómez alternaron buenas y malas, pero lejos estuvieron de ser soluciones para un plantel que pedía jerarquía a gritos, potenciarlo para poder competir en serio de cara a los certámenes en disputa.
Para colmo, tras las amenazas sufridas por su familia en una incontenible Rosario, «Fideo» Di María decidió postergar su regreso. Sin dudas, ello trastocó la planificación del mercado de pases pensando en el segundo semestre. Ya sin Libertadores, con la opción de jugar el repechaje de Copa Sudamericana, arribaron Enzo Copetti, Miguel Barbieri y Augusto Solari. Tampoco ellos pudieron cambiar la fisonomía general, con rendimientos muy flojos en algunos casos. Central sorteó a Inter de Porto Alegre pero encontró la resistencia en octavos de un buen Fortaleza para decirle chau al plano internacional.
Muy abajo en la Liga Profesional, ya sin Russo, el foco volvió a estar nuevamente en el clásico. El Canalla sorteó con éxito una vez más el partido de la ciudad con un agónico gol de Facundo Mallo, en lo que terminó siendo una de las pocas alegrías en la segunda etapa del 2024. ¿La otra? La vuelta del retiro del goleador histórico, Marco Ruben, quien a pesar de solo convertir un gol en este ciclo, pudo darse el gusto de jugar unos meses más con la camiseta de sus amores.
Ya bajo el mando de Ariel Holan, tras un irregular ciclo de Matías Lequi, Central buscó desplegar una nueva idea, pero no encontró los intérpretes adecuados para llevarla a cabo. El plan de juego, saludable de por si por la propuesta ofensiva, audaz, encontró dificultades en su realización por las deficiencias técnicas de algunos jugadores. Eso lo llevó a seguir perdiendo puntos, a pesar de ya no jugar por nada más que el honor. Como aspecto positivo, se destacó la inclusión de juveniles como Juan Giménez, Santiago Segovia y Gaspar Duarte, cuyos aportes le dieron otra frescura al equipo. En ellos queda depositada la esperanza para 2025, y el nuevo entrenador ya ratificó que los tendrá en cuenta seguido.
Pensando en el año que viene, además de los chicos, el Canalla deberá dar el salto de calidad con los refuerzos, priorizando la calidad por sobre la cantidad. De mínima, el objetivo deberá ser volver a clasificar a copas internacionales. Para ello, deberá recuperar el protagonismo perdido. Tiene que aprovechar que sólo disputará torneos locales y la Copa Argentina. El 2024 baja la persiana y deja muchos aprendizajes en Arroyito, con errores que no deben volver a cometerse. Corregir el rumbo, rectificar si es necesario, acertar la mira y volver a mirar el horizonte con optimismo es la premisa principal.