Está considerado un éxito internacional. El lince ibérico estaba abocado a su desaparición cuando se descubrió que apenas quedaban 90 ejemplares en dos puntos de Andalucía: Doñana y Sierra Morena. Apenas 15 años después, el último censo del lince ibérico, el de 2018, revela que hoy en día hay cerca de 700 linces campando por la Península Ibérica.

Son, exactamente, 686 individuos (casi un 15% más que un año atrás) del que sigue siendo el felino más amenazado del mundo. Las características motas negras sobre su pelaje claro se asoman ya por dos países (España y Portugal) y cuatro regiones (Andalucía, Extremedura, Castilla La-Mancha y el Algarve portugués).

Andalucía sigue siendo el núcleo principal de la especie, con dos terceras partes de la población, ya que hasta hace cinco años no comenzaron las primeras liberaciones de linces criados en cautividad fuera de la región.

Según el informe al que ha tenido acceso eldiario.es Andalucía, y que fue adelantado por El País, todas las poblaciones siguen creciendo, excepto al sur de Ciudad Real, donde “le está costando despegar”.

Según Luis Suárez, reponsable de especies en la organización ecologista WWF, que es socio del proyecto de reintroducción del lince que acaba de terminar, “hemos hecho muy buen trabajo, pero hay que rematarlo. Vamos avanzando, sigue creciendo la población. La otra gran noticia es que las zonas de fuera de Andalucía están funcionando muy bien, son un auténtico tractor. Eso significa que las zonas están bien seleccionadas y se ha hecho un buen trabajo”.

La hembra territorial, el motor de la especie
El motor de la especie es la hembra territorial o reproductora, capaz de terminar de alejar a la especie de la extinción. En total, hay 160 en toda España. “En todas las áreas de reintroducción se han cumplido los objetivos previstos en el proyecto de alcanzar 5 hembras reproductoras en cada una de ellas, destacando Vale do Guadiana y Montes de Toledo donde se ha duplicado el número previsto”, señala el informe.

El lince ibérico ha estado durante los últimos lustros en peligro crítico de extinción, el último eslabón, antes de considerarse extinguida una especie en estado natural. Hace tres años, la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) revisó el caso del lince y rebajó su estado de amenaza: ya se encuentra ‘solo’ en peligro de extinción. La especie saldría del riesgo de extinguirse, entrando en la categoría de vulnerable, si logra mantener durante cinco años una población con al menos 250 individuos maduros. En la actualidad, hay 306.

Según el informe firmado por Miguel Ángel Simón, director del programa de recuperación del felino, “ya se han alcanzado los 250 individuos maduros en la población ibérica y realizando una proyección futura, y siendo conservadores, se cumplirían los 5 años, manteniendo más de 250 individuos maduros, en el año 2025”.

Una de las claves de la recuperación de este animal ha sido la cría en cautividad, para su posterior liberación en la naturaleza. Desde 2011, se han liberado 227 linces, que han fructificado en 235 cachorros silvestres. Una de cada tres hembras liberadas ha criado. La tasa de supervivencia de animales reintroducidos es del 45%. En el caso del lince se esperaba que sobrevivieran la mitad y, al final, durante el primer año, lo han hecho dos de cada tres.

Principales amenazas
Aunque los seres humanos han sido los que lo han rescatado de la extinción, también fueron los que lo empujaron a ella y lo siguen poniendo en aprietos. Los atropellos en puntos negros y la caza furtiva siguen siendo, junto a la pandemia de conejo, las grandes amenazas para su supervivencia.

Así, durante el último año, 29 linces se dejaron la vida en el asfalto. La peor cifra en términos absolutos y la segunda peor, en relativos. Hace cinco años sonaron todas las alarmas cuando murieron 21 linces en una población de 329, obligando a las administraciones a reparar vallas y construir pasos de fauna.

En total, el programa ha detectado casi 150 atropellos: la mitad de ellos han sido en tan solo seis carrteras: A-4, Madrid-Cádiz; A-481, Hinojos-Villamanrique de la Condesa; A-301, La Carolina-Úbeda; N-420, Montoro-Fuencaliente; A-421, Villafranca-Adamuz; CM-410, Mazarambroz- Cuerva.

Lo más llamativo es que uno de cada cinco han muerto en la A-4, donde, además, en “los últimos años se está produciendo un incremento de muertes por atropello (2017 con 8 de un total de 31, 25.81% y 2018 con 10 de un total de 38, 26.32%)”.

Allí se acaba de construir un paso subterráneo de fauna, pero, según el informe, “es imprescindible seguir trabajando en solucionar la permeabilidad en esta carretera y para ello al parecer, se firmó un Convenio entre el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (actual Ministerio para la Transición Ecológica) y el Ministerio de Fomento por el que ambos Ministerios se van a encargar de solucionar la permeabilidad de la A-4 y de la N-420”.

Según el director del programa del lince, es fundamental luchar contra la principal causa de muerte violenta del animal, ya que las poblaciones “van a seguir creciendo y ocupando nuevas zonas; y por otro, de cara al futuro se va a trabajar en potenciar la conectividad entre diferentes zonas de presencia”. Contra el furtivismo, que ha afectado especialmente en zonas de Sierra Morena y Campo de Calatrava (Ciudad Real), recomiendan el trabajo con los propietarios de fincas, cazadores y ganaderos.

Sobre el conejo, como señala Luis Suárez, responsable de especies de WWF, tenemos que seguir trabajando para que “en hábitats de buena calidad, en espacios protegidos no falte el conejo”.

El futuro del lince: un nuevo programa europeo
La conservación del lince se lleva a cabo con un presupuesto de 34 millones de euros: 20 millones los ha puesto la Unión Europea, 5.5 los ha invertido la Junta de Andalucía y el 20% restante una pléyade de 20 socios, entre beneficiarios públicos y privados. El programa termina en junio de 2018 y la pregunta es: ¿Y ahora qué?

Según explicaba el director del programa Iberlince, Miguel Ángel Simón, a este diario se ha pedido un quinto programa Life a Bruselas, por valor de otros 34 millones de euros, que permitirían que la especie pase del estado de ‘en peligro de extinción’ a ‘vulnerable’. Menos socios, fondos específicos de Fomento para los pasos de fauna y la interconexión de las áreas de reintroducción son las claves del futuro programa.

“Se trata de un nuevo proyecto con Portugal, Extremadura, Castilla la Mancha y Andalucía. Los socios principales son los que tienen la competencia y obligación de conservar la especie y los que arrastrarán a los otros socios. Quiero que pasemos de 22 a unos 15 socios y tengo previsto convocar una reunión a finales de enero, con un borrador bastante potente”, explica Miguel Ángel Simón. Lo importante, dice, no son las cifras, sino “recorrer la estrategia necesaria” para lograrlo.

Esa estrategia requiere de una variabilidad genética, a la que debe contribuir la interconexión de zonas linceras, y que los atropellos y las pandemias de conejo no pillen a los conservacionistas con el pie cambiado.